EXPERIENCIA “AUSTENIANA”: DESAYUNO INGLÉS

Podemos decir que uno de los recuerdos gastronómicos si has ido a Inglaterra es “un verdadero desayuno inglés”.
Decía el escritor Somerset Maugham que para comer bien en Inglaterra, habría que desayunar tres veces al día.
Por tanto si viajas a Inglaterra o especialmente en Londres verás muchos carteles cuyo principal reclamo es la posibilidad de degustar un “traditional full english breakfast”, como si de un chuletón de Segovia se tratara.
Es tan famoso, que en las grandes ciudades lo podrás degustar a cualquier hora del día, y siendo como es, tan consistente, nos puede servir de comida e incluso almuerzo.
El desayuno inglés, tal y como lo conocemos hoy, se desarrolló en el periodo de Regencia. Anteriormente, hacia las 10 de la mañana se tomaba un almuerzo consistente en té, café, bollos, panecillos, carnes, huevos, etc.

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En una visita a la Abadía de Stoneleigh, la madre de Jane Austen hizo algún comentario sobre la cantidad de comida que se servía en el desayuno, e hizo la lista: “Chocolate, café y té, plumcake, pastel, bollos calientes y fríos, panecillos y mantequilla, y una tostada para mi”.

Estos desayunos tardíos permitían que la gente pudiera hacer sus recados, paseos o lecturas, e incluso hasta finales de los 1880 era un requisito legal que las bodas se celebrasen temprano, de manera que los banquetes eran estos desayunos copiosos que permitían que los invitados se marcharan a primera hora de la tarde a sus casas, y los novios iniciasen su luna de miel sin retrasos.

En la época Victoriana las comidas que se hacían durante este periodo eran básicamente dos: el desayuno y la cena, aunque también se tomaban algunos bocadillos a la hora del té. Sin embargo, la primera comida del día tenía una gran importancia para la gente de la época y así, el desayuno se convirtió durante el siglo XIX en el Reino Unido en una costumbre de gran valor, que habría de conocerse en todo el mundo como una de las partes más significativas de la cocina británica.

 

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El desayuno, en esta época, llegó a tener más de nueve platillos, que seguramente contribuían a que los comensales no llegaran tan hambrientos a la cena, que se tomaba ya tarde. Desde luego, es preciso considerar que hay una importante diferencia entre los desayunos que se tomaban en los hogares de la nobleza y la clase media y los hogares más pobres, que indudablemente no contaban con nueve platillos para el desayuno. Pero en general, los desayunos solían ser abundantes, ya fuera que los preparara la servidumbre, como sucedía en las casas de los más acaudalados o que los prepararan las mujeres de la familia, como hacían quienes no tenían sirvientes.

Dado que en la época victoriana no se contaba con muchos elementos para conservar la comida, además de los que habían existido desde mucho tiempo atrás –salado, deshidratado, tratamiento de frutas mediante mermeladas, jaleas y conservas, etc.- en la ciudad era difícil acceder a productos frescos y la carne podía llegar a ser un lujo por los precios que alcanzaba. Por esta razón, era en las casas del campo donde mejor se desayunaba, pues se podía disponer de aves, pescados, carne y huevos frescos, así como de frutas frescas y leche. Pero en la ciudad se disfrutaba de otras delicias, como panecillos, panes tostados, jamones, carne y pescados en conserva, mermeladas y tés. Los productos lácteos y los huevos debían ser traídos del campo y eran distribuidos en pequeños comercios locales, donde los adquirían los pobladores.

Las revistas aconsejaban a las amas de casa servir carnes asadas, pastel de carne, jamón, conservas de aves y pescados, pescado a la parrilla, chuletas, salchichas, tocino, huevos, panes, mermelada y mantequilla, así como el indispensable té. En las casas señoriales los platos podían ser incluso más numerosos y se tomaban con tal calma que los desayunos podían prolongarse durante horas.

El porridge, con crema y mantequilla, kipper –salmón o arenque salado y ahumado-, tartas de carne, crema de frutas –que también se empleaba como relleno de pays y tartaletas-, pan recién hecho, miel y café eran otras delicias que solían aparecer en las abundantes mesas del desayuno victoriano.

A finales de la época victoriana, es decir, comenzando el siglo XX, comenzó en las casas de la nobleza a instalarse la moda de prescindir de la servidumbre durante el desayuno. Para ello, los platillos se dejaban en bandejas al alcance de los comensales e incluso se instaban artefactos para mantener la comida caliente. Este modelo, antecedente de nuestro moderno buffet, no era del gusto de todo el mundo; muchas personas se quejaban de la molestia que implicaba el tener que levantarse a servirse la comida.

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En cuanto a la mesa, la calidad de las vajillas variaba de acuerdo a las posibilidades de cada familia, pero en general se buscaba servir el desayuno en una bonita porcelana, mientras que las teteras y cubertería solían ser de plata; la presentación de la mesa seguía también estrictas normas que ponían de relieve la educación y buen gusto de la ama de casa.

 

Como podemos ver, el desayuno tenía un papel primordial y no sólo se le daba su tiempo, sino que en su calidad de primera comida del día, se buscaba que fuera abundante y muy variada. Ciertamente, muchos de los platos resultan pesados e incluso poco saludables, de acuerdo a nuestras concepciones actuales de la alimentación, pero es notable la importancia que la época victoriana le dio a la primera comida del día, otorgándole no sólo una amplia variedad de platillos, sino también normas de etiqueta y, sobre todo, el tiempo que requerían para consumirlos con tranquilidad.

 

Según la tradición, el full english breakfast, o desayuno completo, incluye un par de huevos fritos, jitomate asado o frito, champiñones fritos, baked beans –frijoles preparados en salsa de jitomate, con un suave sabor dulce y aromático- y salchichas o tocino. Se acompaña con unas rebanadas de pan tostado y usualmente se bebe un rico té del desayuno. También puede incluirse jugo de frutas o una taza de café, pero lo cierto es que nada le va a este desayuno como el fuerte sabor del té inglés con un chorrito de leche.

A través de la historia, este tipo de desayuno comenzó siendo el típico de las áreas rurales de Inglaterra, donde las personas se preparaban con este importante platillo para sus labores de todo el día, pues no tomaban otro alimento hasta la cena. Posteriormente, este tipo de desayuno fue ganando adeptos por todo el territorio inglés; cuando las personas comenzaron a trabajar cada vez más lejos de sus casas y comenzaron a pasar el día entero fuera de ellas, se hizo imperativo que los alimentos de la mañana brindaran suficiente energía para toda la jornada.

 

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La popularización de este tipo de desayuno determinó que actualmente existan variantes de éste en cada región del país, que incluyen distintos ingredientes, como papas fritas o en puré, otras carnes o embutidos e incluso otros vegetales, como los aros de cebolla. La influencia irlandesa ha llevado a incluir también en el típico desayuno un plato de porridge, que precede al plato fuerte y que ciertamente lo convierte en un desayuno suficiente para toda la jornada!

Al mismo tiempo, en las regiones que fueron parte del Imperio Británico, se llegó a consumir también este tipo de desayuno y por supuesto, se le hicieron ciertas variantes. Es así como en América comenzó a consumirse el hash brown, el pastel de papas, que hoy es posible encontrar también en los desayunos ingleses.

El estilo del desayuno inglés ha influido en gran medida los desayunos occidentales, ya que si bien el típico desayuno americano consistente en café, jugo y pan tostado sigue sirviéndose en muchos lugares, también gran cantidad de hoteles y restaurantes ofrecen hoy desayunos más variados y consistentes, a la manera del full english breakfast.

Sin embargo, en la actualidad, el ritmo de vida y la preocupación por la salud ha determinado que este tipo de desayunos se hagan solamente en fin de semana o en periodos vacacionales, mientras que día a día se consumen otros platillos más ligeros y con menos grasa.

 

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No obstante, también es verdad que una comida nutritiva y sustanciosa para comenzar el día es una excelente opción para llenarse de energía y al mismo tiempo mantener bajo control el apetito, para no comer de más en la cena, por ejemplo, cuando el ritmo del organismo ha descendido y difícilmente quemará las calorías que ingiera. Así que a los aficionados al buen desayuno inglés hoy se les recomienda procurar, entre otras cosas, que los ingredientes del desayuno estén asados en vez de fritos, que no añadan mantequilla al pan tostado y que consumiéndolo con moderación, disfruten sin culpa de esta energética y muy sabrosa manera de comenzar el día.
Y aunque para los ingleses este tipo de desayuno no es el de todos los días, al turista que visite Inglaterra no le faltará ocasión para deleitarse con este tradicional platillo, ofrecido en todo tipo de restaurantes y en algunos casos, como hemos mencionado, durante todo el día.
Es así que muchos establecimientos londinenses ofrecen a sus clientes la posibilidad de tomar este tradicional plato a cualquier hora del día, pues es tan sustancioso que puede tomar el lugar de un buen almuerzo o comida.

 

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Yo recuerdo mi estancia en Irlanda en el que en todos los “Bed and Breakfast” que pudiera ser equivalente a nuestras casas rurales, pero con la gran diferencia de que los dueños viven ahí y te sirve un desayuno típico irlandés, era perfecto para el turismo, pues después de este desayuno que no necesitaba ingerir alimento alguno excepto alguna pieza de fruta hasta la cena que es este caso es unas tempranas que lo que en España se estila, sobre las 6.

A medida que fue creciendo la clase trabajadora y la clase media tomó fuerza, cambiaron las horas de las comidas y el desayuno comenzó a hacerse a las 8 o 9 de la mañana para que los hombres de negocio y profesionales pudieran desarrollar sus actividades. Estos desayunos consistían en bollos y panecillos como el brioche, las tostadas, plumcakes, etc. Las bebidas más populares eran el chocolate y el té.

En casa de Jane, ésta era la que se ocupaba de la intendencia del té y de preparar el desayuno para la familia alrededor de las nueve de la mañana, después de haber practicado a solas con su piano. Sus desayunos consistían en un bollo consistente de especias, tostadas, té y, de vez en cuando, chocolate

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Por qué no te homenageas con un auténtico desayuno inglés o todo los auténtico que tu quieras? A lo largo de estas líneas hemos visto tal variedad de productos que podemos adaptarlos a nuestros gustos. Para ello es importante que lo hagamos en fin de semana, que es cuando más tiempo tenemos.

Lo ideal es hacerlo en familia y utilizar este desayuno como momento de reunión. Pero también puedes disfrutarlo tanto o más que tú sola. Prepara tu vajilla, y juego de café más elegante y vintage que tengas, y tu mantel de hilo, ganchillo o en tonos crudos y la cubertería también más elegante y prepara la mesa y los detalles como si de un cuadro se tratara. Verás como disfrutarás de la experiencia a la que llamaremos, experiencia “Austeniana”

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Una propuesta para esta experiencia “Austenita” es tomar café, té o infusión en mi casa desgraciadamente no me gusta el té, pero lo puedo suplir con una infusión de frutas tomadas en una bonita taza de porcelana china. Si es invierno puedes incluir también chocolate caliente.

Tostadas con mantequilla y mermelada. Para la mantequilla, acuérdate de dejarla fuera de la nevera un poco antes para que esté blanda a la hora de servirla; como no creo que tengas tiempo de hacer mermelada casera, puedes comprar botecitos pequeños de mermelada variadas de manera que tenas una experiencia gourmet o incluso probar con alguna mermelada especial que hayas encontrado en el supermercado; tostadas, panecillos, bollería de tamaño pequeños varios para poder tomar varias sin empalagar. Algo de fruta, un zumo de naranja, si es temporada y fruta en trozos ya cortadas y preparadas ya para comer: sandía, melón, manzanas, melocotón, pera, cualquiera es buena.

Como plato salado: queso y huevos cocidos, fritos o pasados por agua acompañados de bacon y salchichas y tomate a la plancha

 

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Tostadas hechas sin mantequilla

Dedica tiempo para para disfrutarlo tranquilamente disfrutando de cada bocado, de cada producto….

El resto del día puede aprovechar a tomar infusión, yogures desnatados y luego una cena ligera te harán sentir fenomenal al final del día.

 

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Si te gusta la experiencia, ¿Por qué no repetirla de vez en cuando? Hazte con tu vajilla perfecta para ti y para tu familia. Cómpratela poco a poco o pídela como regalo de cumpleaños.

Y prueba distintas recetas hasta que des con la que más te guste a ti y a los tuyos.

 

 
Fuente:
http://www.degustar.com.mx/articulos/gastronomia-articulos/el-desayuno-ingles/
http://www.degustar.com.mx/articulos/gastronomia-articulos/el-desayuno-en-la-epoca-victoriana/
La Casa de Jane Austen

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